IWC Schaffhausen


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Enormes cantidades de agua se precipitan rugientes sobre las rocas de las mundialmente famosas cataratas del Rin. Algunos kilómetros aguas arriba, en Schaffhausen, el Rin fluye apaciblemente ante las ventanas de los talleres de IWC. Aquí nació hace más de 140 años la empresa cuya historia hoy todavía se continúa escribiendo. El ingeniero y relojero americano Florentine Ariosto Jones asimiló de cabo a rabo la artesanía de los «watchmakers». Con tan solo 27 años, era ya director suplente y jefe de producción de la E. Howard Watch & Clock Company en Boston, por entonces una de las principales fábricas americanas de relojes. El mercado americano se presentaba en aquella época con una capacidad prácticamente ilimitada para absorber los relojes de calidad; los métodos de fabricación de los relojes eran de los más modernos del mundo, sin embargo, faltaba in situ personal cualificado. Esto llevó a un aumento de los salarios. En Suiza, por el contrario, las condiciones para los fabricantes de relojes americanos eran sencillamente paradisíacas: bajos salarios, suficiente personal bien formado y una gran capacidad de fabricación. Jones atravesó el Atlántico para fabricar relojes de alta calidad destinados al mercado americano con personal suizo altamente cualificado, la más moderna maquinaria procedente de ultramar y un profundo espíritu pionero. Sin embargo, los habitantes de la región de Ginebra y de los apartados valles del Jura en la Suiza occidental eran bastante escépticos con sus planes. Desde el siglo XVII trabajaban en casa o en pequeños talleres. Jones, por el contrario, soñaba con una manufactura moderna y una producción centralizada.

Schaffhausen, en el noreste del país, contaba por aquel entonces con una larga tradición relojera. El primer reloj mecánico mencionado documentalmente se fabricó ya en el año 1409 en el monasterio de Rheinau, situado 10 kilómetros río abajo. Este reloj estaba destinado a la iglesia de St. Johann. Schaffhausen contaba ya con una corporación de relojeros desde 1583. También la conocida dinastía de relojeros de los Habrecht, que creó para la catedral de Estrasburgo uno de los más famosos relojes astronómicos de gran tamaño, tiene su origen en Schaffhausen. Sin embargo, solo el plan de Jones, consistente en fabricar relojes de la manufactura de primera calidad con un mayor número de unidades y manteniendo siempre la misma tolerancia, llegaría a dar a los relojes de Schaffhausen la fama de la que gozan hoy en todo el mundo. En Schaffhausen, Jones encontró excelentes condiciones para llevar a cabo sus planes, entre ellas una central hidráulica accionada por agua del Rin. La energía motriz se llevaba directamente a la fábrica, recientemente construida, por medio de ejes y largos cables de transmisión, proporcionando así el accionamiento necesario para las máquinas. En 1857, Schaffhausen dispuso de una conexión ferroviaria. No es de extrañar, pues, que la ciudad viviera entonces un extraordinario «boom» económico. El lugar adecuado en el momento preciso para el hombre de Boston. En el año 1868, F. A. Jones fundó su fábrica de relojes – la IWC International Watch Co.

Piezas de IWC Schaffhausen